Al levantarme ese día sentí que podría ser distinto. No me sentía tan bien por las constantes oleadas de frío que habían estado azotando el lugar donde me encuentro, pero aún así, para variar, decidí prender la computadora y sentarme a revisar mi correo. Fue hasta una sorpresa encontrar un mail suyo. Y más aún fue cuando leí aquellos versos escritos con rabia y sufrimiento, con dolor y odio. Me preocupé. Estando tan lejos donde estoy, me era imposible ir a buscarla o verla, tenía sólo que esperar a que se conectara.
Pasaron horas y charlamos. No había más por escuchar. Estaba sentada donde siempre se sentaba. Descanzando un rato para luego seguir ensayando más. La coreografía aún no estaba terminada, iba recién un minuto de cinco que tenía que completar. Se cansó de tanto trabajar en que todo salga bien, y se sumergió una vez más en pensamientos redundantes. Quería detener todo por un segundo.
Escuchó las cosas golpearse. Escuchó ruidos y gritos, reclamos. Escuchó la luz desaparecer con cosas quebradas, y a la magia correr con cada chillido. Estaba cansada de lo mismo una vez más. No quería aparecerse ante ese ser que sólo le criticaba, que sólo la dejaba abandonar sus sueños y sus expectativas.
Ella escuchaba los gritos una y otra vez, pero se hacía la desentendida. Las palabras entraban y salían de su mente, nada se quedaba; pero aún así, todo esto le aturdía.
Subió a su cuarto de princesa y se encerró. Entre el rosado y su pasado de niñez, se echó a soltar lágrimas. Sólo lágrimas caían, y la tristeza la invadía. No había llanto, no habían lamentos ni quejas, sólo lágrimas. Caían por su rostro y levemente rozaba con sus labios. No habían ruidos. Todo había cesado y ella sólo escuchaba el salpicar de cada gota en su ropa.
Su mente comenzó a divagar en todo lo que acababa de suceder. Rodeada de su colección de zapatos, que alguna vez le reafirmaron su importancia por lo superficial, cogió la primera hoja y el primer lapicero que tuviera a la mano, y empezó a escribir. Escribía lo primero que le venía a la mente, lo primero que le salía de su ser. No soltó llanto ni gritó reclamos. Sólo escribió lo que sentía en ese momento, así fue como se expresó.
No quería releerlo. No quería volver a ese pasado. Quería dejarlo todo ahí y salvarse en ese día, como que nada nunca hubiera pasado. Trató de borrar sus pensamientos y prendió la música una vez más. Tenía que continuar ensayando.
No podía seguir con aquel mismo movimiento en las caderas mientras pensaba en todo. Tenía la mente revuelta y no sabía que hacer. Bajó a prender la computadora y comenzó a tipear lo que había escrito antes. Escribía sin prestar atención a lo que decía, para no tener que recordarlo una vez más. Escribió todo y luego escribió mi dirección de correo para enviarlo.
Recuerdo con un poco de dificultad la primera vez que nos hablamos. ¿Quién iba a pensar que podríamos terminar así? No había cómo más decir que quería estar a su lado, levantándole el ánimo con cada gesto que le hago, haciendo que ría cuando quiera llorar, despertándola a la realidad cuando vuela mucho más allá. Y sé que es ella quien puede ahora agradecer que me llegue a quedar por allá.
No llevaba mucho tiempo en la universidad, y yo le llevaba un año de estudios. Aunque nunca ha sido tanto, trataba de ayudar en todo lo que fuera de sus trabajos; por algún extraño motivo, se había convertido en una amiga en poco tiempo.
No soy de confiar en las personas. No confío en casi nadie. No soy de contar mis cosas, ni soy una persona que se conoce de una día al otro, o de un mes al otro, ni de un año a los cinco siguientes. Son pocas las personas que hagan que llegue a sentir confianza, y fue raro que así sucediera en poco tiempo, sobretodo con alguien con quien no comparto practicamente ningún gusto.
Seguía tratando de ensayar sus coreografías. Y una vez más se sentó a descansar. Por aquel chat social y personal (también llamado MSN Messenger) comenzó a conversar con la persona que redacta y una vez más se abrió ante ella. Entre tantas historias por poder narrar, pocas palabras se quedaron grabadas. Aquellas donde me pedía regresar allá, para que pueda hacerla reír y acompañar, para que pueda golpearla y traerla a la realidad cuando se pone a pensar en cosas que le han pasado, y personas que no saben qué es amar. Para poder romper huevos y hacer pisco sour, o simplemente mirarnos a la cara y reírnos de la nada.
Debo confesar que había pasado tiempo antes de volver a encontrar alguien en quién confiar así. Porque confío en sus palabras y le confío mis palabras. Porque puedo hablarle con libertad y sonreír ante cosas que me avergüenzan. Porque puedo discutir sobre lo que me sucede mentalmente y ella está ahí, para poder sólo escuchar, como un espejo que atrapa el reflejo y no lo deja salir, y está ahí, parado mirando, sin irse corriendo ni espantándose. Porque aprendió a entenderme, y sé que tampoco le fue tan fácil, y sobre todo, porque aprendió a comprenderme y respetarme, creo que es lo que más puedo admirar en ella.
Y debo confesar algo más. Hacía mucho tiempo que no escribía sobre este tema: amistad.
Gracias, pequeña.
19.7.09
18.7.09
Son demasiadas
"Y son demasiadas las veces que mis ojos se pierden en un imaginar y que las ideas vuelan hsta el más allá con las alas cortadas descienden una vez más y se estrellan contra el duro piso de cemento, contra su sombra y realidad.
Se escapan rumores y desdichas, se siembran desvanes y malicias. Y ante unos ojos cristalinos que propaga una luz intensa atravesando mi ser, todo sentimiento se divide en dos, toda felicidad permanece y toda infelicidad desaparece.
Y son demasiadas las veces que mis ojos se pierden con tu imaginar."
17.7.09
Enfermizo Parque De Diversiones
Algo fuerte.
Leer bajo su propia responsabilidad.
Estaba solita en la sala, sin saber cómo poder actuar. Los silbidos de los pájaros se atormentaban en su cabeza y sólo quería huir. Huir como huyó aquella vez de su casa, huir como huyó aquella vez de las aguas, huir como huyó aquella vez de su propia sombra, de su propio ser.
El cuchillo ya parecía parte de sí misma, parecía una extensión más de tu cuerpo. La sangre que chorreaba era cada vez más intensa, y ese olor metálico la volvía una con su propio crimen, con su propio sabor y su propio placer. No recuerda bien cómo comenzó el asunto, pero fue así como terminó todo lo que ella alguna vez quizo comenzar.
Iban saliendo por tres semanas, cuando descubrió que ella ya no quería nada. La desdicha la invadió, el odio la abrazó, las sensaciones de querer matar y despertar el mal fueron lo único que vivía con ella, no podía quedarse de brazos cruzados.
La invitó un día a ir a comer algo con sus amigos, claro, como amigas; como para comprobar que la relación podía quedar ahí nomás. Fueron por salchipapas y unas gaseosas, visitaron lugares nuevos y caminaron junto con dos amigas suyas más. Al caer la tarde se precipitó a invitarlas a su casa, que quedaba a pocas cuadras de ahí, para ver una película y quien sabe, tomar unos tragos.
Entre risas sarcásticas y la canchita por todos lados, ella dijo que ya regresaría, iría a la cocina por un poco de agua. Se levantó y abrió el cajón al lado de la refrigedora, cogió el cuchillo más filudo que tenía y caminó de vuelta sin hacer ningún tipo de ruido. Se sentó una vez más al costado de ellas y continuaron con la velada de alcohol y películas.
Los gritos fueron unánimes. Las puñaladas fueron certeras. El grosor y el filo del cuchillo cayeron exactos. Y la sangre tiñó de rojo toda la alfombra crema. Una vez, dos veces, tres veces. No dejaban de caer los golpes, no dejaba de salpicar la sangre. Los gritos eran más intensos, y como le aturdía que las demás gritaran, no dudó en cortarles la lengua y el cuello, para que no la distraigan y puedan dejar que termine su trabajo en paz.
Cayeron una por una, dejando al final su más presiada víctima. Ya con cortes en los brazos y piernas, estaba asustada. Asustada sentanda en el rincón sin decir nada, temlando del miedo, sin mirar a nadie, con los ojos bien abiertos y escalofríos saliendo de su ser. Estaba blanca, pálida, muerta de miedo.
Y así supo que tenía el control. La noqueó de un golpe en la cabeza con el mango del cuchillo. Y ya tirada en el piso, la desvistió por completo. Saboreó su cuerpo una vez más, tocando su piel, rozando los labios, sintiendo toda su esencia en el tacto y el gusto, sintiéndola a ella con vida por última vez. Luego de una ritual erótico ante aquel cuerpo aún con algo de vida; comenzó por abrir poco a poco el estómago, sacándole todo lo de adentro y de una forma cachosa, haciendo dibujos y figuras con ello. Le abrió como a un cerdo toda la piel, le quitó cabello por cabello, y almacenó toda la sangre en un solo frasco. Creó a base de los cortes, distintos diseños como si fueras tatuajes, y jugó con todo lo que había denrto de ella.
Jugó hasta no poder divertirse más. Los ojos eran canicas, los huesos hasta palos de golf. La sangre el agua de las fuentes, y cada dedo era un habitante de su nueva ciudad. La sala se volvió su parque de diversiones. Y cada vez que volteaba a ver lo que quedó de ese cuerpo, le causaba sensaciones eróticas, recuerdos e impulsos sexuales que ya casi no podía contener. La veía y la necesitaba, y para poder saciar esas ganas, jugaba una vez más con ese enfermizo parque de diversiones.
Eran las seis de la mañana y ya no sabía qué hacer. Los pájaros cantaban y la aturdían. El olor se volvió intenso y le daba ganas de vomitar. Pero se alegraba a ver su enfermiza obra maestra. Entre erotismo y mutilación, se sentía una diosa que controlaba la muerte y la diversión, la venganza y la pasión. En su cabeza daban vueltas pensamientos y recuerdos de los momentos que pasaron, y se definía cada vez más por una mayor felicidad al momento de matarla. El placer corre por sus venas y no puede dejar de sonreír. Eróticamente salvaje y enfermo. Salvajemente divertido.
Y en su sala ahora el cuchillo es parte de ella, y la sangre parte de su ambiente. Su crimen parte de su historia, y ella muerta, su felicidad entera.
9.7.09
03.14 am
"Buscaré una sombra al atardecer
Y amaneceré con el sol en el mar
Crearé un recordar del alma sensorial
Para poder escapar y pintar tu vitral
Limpiaré los vidrios
Y reconstruiré las alas
De aquellas aves que dejaron de volar
Por el placer de querer figurar
El poder de las obras de arte
Que yacen sobre las luces de la nube
Crean y descrean
Sienten y no sienten
Expresan y se estresan
Al crear un sin fin de emociones
Sólo suben y narran sus canciones"
4.7.09
Ese Pecado
"Necesitaba un poco de agua. La noche les había secado la garganta y esos vasos de sangría ya se habían quedado cortos. Había sido un día gris como cualquier otro de Lima, y se apresuraban rápidamente a desaparecer cualquier rastro de haber bebido, había llegado la madre a la casa.
Era la segunda vez que se encontraban, en ese rincón de seducción y confusión; se destinaban a encontrarse una vez más entre los brazos, besos y el infaltable alcohol, que en un segunda ronda las coronaba de pecadoras. El mundo desapareció tras acabarse la sangría en treinta minutos, y sólo fueron las caricias y los besos quienes formaron parte de su realidad.
La cama estaba hecha, pero se tuvo que rehacer al acabar la jornada. La laptop estaba prendida y el común chat del ciberespacio moderno estaba abierto y nadie hablaba, o tal vez sí, pero hacían caso omiso a cualquier actividad del mismo. La televisión estaba prendida, pero ninguna recuerda qué era lo que supuestamente estaban observando. Las cortinas cerradas, porque aquellos que suelen vivir a los lados eran, muy de vez en cuando, lo que algunos llaman de sapos. La noche era linda y la luna estaba llena, tenían tiempo y lo supieron aprovechar.
La excusa del aburrimiento de la tarde fue siempre la mejor elección. Una casa sin padres y dos vidas en confusión. Era la velada perfecta para poder entrar un poco en acción, bajar el estrés de una vida de universitarias y poder dar cabos sueltos al estado eufórico de la excitación.
El alcohol como gran estimulante, había ya comenzado a hacer su principal efecto; el resto de travesías se quedaron grabadas en la mente de ambas, quienes de una forma sutil supieron sobrellevar de la mejor manera aquellas sensaciones que por primera vez llegaban a sentir en sus cuerpos.
Todo era húmedo y caliente. Sólo sentían el rozar de la piel y la fricción de los labios. Sólo sentían la fricción de la piel y el rozar de los labios. Sólo sentían el cosquilleo de una pasión encerrada, que con cada centímetro más de piel que se tocaban incrementaba hasta llegar a estallar. Parecía que iban a estallar. La pasión y el calor se apoderaron de sus mentes, la excitación y la humedad fueron ahora su única realidad; la fricción y los sonidos fueron lo único a su alrededor. Se volvieron una persona. Sus mentes se volvieron una sola mente. Su piel se volvió una sola piel. Y sus cuerpos se fusionaron en un solo sentimiento.
Los rayos de la luz de la luna cruzaban lentamente los espacios de aquella cortina. Y con la iluminación de la noche, aquella dulce jornada comenzaba a llegar a su fin.
Un sonido o dos, despertaron en ellas a aquella responsabilidad de sus actos. Eran los padres, habían llegado. Ella no debería de haber estado ahí. ¿Qué iban a decir? Tenían que correr, tenían que desaparecer. Las pieles se separaron y cada mente regresó a la suya. Entre correríos un beso final antes de bajar las escaleras. "Buenas noches señora, ya me estoy yendo". Concluyendo la noche más especial de todas. Aquella noche donde la confusión se iba de las memorias, dando paso a la única seguridad de sus sentimientos. El pecado coronado por aquél ocurrente destino."
Texto: Mi mente
Era la segunda vez que se encontraban, en ese rincón de seducción y confusión; se destinaban a encontrarse una vez más entre los brazos, besos y el infaltable alcohol, que en un segunda ronda las coronaba de pecadoras. El mundo desapareció tras acabarse la sangría en treinta minutos, y sólo fueron las caricias y los besos quienes formaron parte de su realidad.
La cama estaba hecha, pero se tuvo que rehacer al acabar la jornada. La laptop estaba prendida y el común chat del ciberespacio moderno estaba abierto y nadie hablaba, o tal vez sí, pero hacían caso omiso a cualquier actividad del mismo. La televisión estaba prendida, pero ninguna recuerda qué era lo que supuestamente estaban observando. Las cortinas cerradas, porque aquellos que suelen vivir a los lados eran, muy de vez en cuando, lo que algunos llaman de sapos. La noche era linda y la luna estaba llena, tenían tiempo y lo supieron aprovechar.
La excusa del aburrimiento de la tarde fue siempre la mejor elección. Una casa sin padres y dos vidas en confusión. Era la velada perfecta para poder entrar un poco en acción, bajar el estrés de una vida de universitarias y poder dar cabos sueltos al estado eufórico de la excitación.
El alcohol como gran estimulante, había ya comenzado a hacer su principal efecto; el resto de travesías se quedaron grabadas en la mente de ambas, quienes de una forma sutil supieron sobrellevar de la mejor manera aquellas sensaciones que por primera vez llegaban a sentir en sus cuerpos.
Todo era húmedo y caliente. Sólo sentían el rozar de la piel y la fricción de los labios. Sólo sentían la fricción de la piel y el rozar de los labios. Sólo sentían el cosquilleo de una pasión encerrada, que con cada centímetro más de piel que se tocaban incrementaba hasta llegar a estallar. Parecía que iban a estallar. La pasión y el calor se apoderaron de sus mentes, la excitación y la humedad fueron ahora su única realidad; la fricción y los sonidos fueron lo único a su alrededor. Se volvieron una persona. Sus mentes se volvieron una sola mente. Su piel se volvió una sola piel. Y sus cuerpos se fusionaron en un solo sentimiento.
Los rayos de la luz de la luna cruzaban lentamente los espacios de aquella cortina. Y con la iluminación de la noche, aquella dulce jornada comenzaba a llegar a su fin.
Un sonido o dos, despertaron en ellas a aquella responsabilidad de sus actos. Eran los padres, habían llegado. Ella no debería de haber estado ahí. ¿Qué iban a decir? Tenían que correr, tenían que desaparecer. Las pieles se separaron y cada mente regresó a la suya. Entre correríos un beso final antes de bajar las escaleras. "Buenas noches señora, ya me estoy yendo". Concluyendo la noche más especial de todas. Aquella noche donde la confusión se iba de las memorias, dando paso a la única seguridad de sus sentimientos. El pecado coronado por aquél ocurrente destino."
Texto: Mi mente
30.6.09

Imaginando..
Sólo imaginando
"Un, dos, tres
Al derecho o al revés
Flores por aire
Desvíos por inquietudes
Una mente, dos mentes
Audífonos que no saben cómo sonar
Un celular que no sabe vibrar
Y estos ojos que no saben mirar
Una cabeza que imagina
La imaginación creada en sí
Una utopía que invade
Invade en el arte de cegar
Invade en el arte del hablar
Una sonrisa o un parpadear
Suficiente para no dejar de soñar"
26.6.09
Utopía
Y busco un modo para poder envolverme en las cosas, para poder sacar este sabor amargo de mi boca y poder encontrar el dulce de los pétalos. Sin alguna decisión en la mente, me mantengo mirando la misma luna una noche tras otra, iluminando mis ideas con más y más pensamientos utópicos, donde la belleza adquirida es la pura irrealidad, y los sentimientos de deseo y algo de agonía, representan a mi realidad. Una ola de impotencia se adueña de los sueños, frustrándome en lo más oscuro de mi mente, atándome con cuerdas a una silla de donde intento escapar. Un hueco mira nuevamente hacia lo que sería mi mirada, se enfoca en mí y no dice nada, se enfoca en mí y no siente nada. Vuela y desvela a la artista de la noche, con telas y lentejuelas, baila al son de un tambor diferente. Tras el agua del desierto y el manantial que revive, se divisan las nuevas avispas dispuestas a atacar. Caballero, saquemos el escudo, que esta batalla será luchada a pecho con espada. Y con el corazón en los labios, las luces del frente se van desvaneciendo, y esas manchas en el vientre son marcas de una caricia, y es el recuerdo que se nos queda presente, porque la belleza que había adquirido fue nuevamente una pura puta irrealidad.
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